Cadeneado por emular a la mítica fiera de El Castillo

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La vida te impone reglas que conviertes en costumbres y, luego, como lo hace el gallo, cantas a la misma hora sin saber por qué y aunque nadie te escuche.

Dos leyendas quedaron en el aire. Flotaron en el suspenso. Un misterio que nunca se descifró: el mítico chupacabras y la fiera de El Castillo. Dos bípedos imaginados con espeluznante figura que, al igual que Pie Grande, jamás han vuelto a rondar.

Corrían los años noventa. Policías y periodistas corríamos como locos en búsqueda de aquellas enigmáticas criaturas. El chupacabras aparecía y se esfumaba como el viento. Dejaba cabras, becerros y otros animales de corral destrozados. Los rancheros caían presas del pánico.

La fiera, temible e invisible, marcaba rasguños en puertas y paredes de viviendas del campo pesquero El Castillo, Navolato, y huía. Nunca logramos avistarla, solo imaginarla. Hasta la policía le tenía pavor.

Fue tanto el furor que, un 7 de junio, en la celebración del Día de la Libertad de Expresión, organizada por EL DEBATE, en Guamúchil, decidimos entrarle a la comedia y montamos un sketch, donde este servidor, metido en un disfraz de gorila, interpretaba a la fiera de El Castillo, y una compañera del área de Sociales, de nombre Janeth, era la domadora.

Se le instruyó a golpear a la fiera con una cadena de plástico y con suavidad, pero ¿qué creen?, la niña empuñó una cadena de metal y, a quien esto escribe, ella sin saber quién era, lo tundió furiosa con una decena de cadenazos que, hasta la fecha los recordamos… y duelen. ¡Qué golpe tan duro!


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