Cambio cultural en la educación

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Mucho se ha comentado recientemente en el ámbito educativo sobre los cambios relacionados con el modelo online, las opciones híbridas, los nuevos modos de enseñar, entre tantas otras cuestiones de carácter técnico o didáctico. Sin embargo, el inminente cambio educativo puede abarcar muchos otros aspectos que habrá que valorar con detenimiento, pues llevan consigo una transformación mucho más profunda. Nuevas disposiciones, estrategias, espacios y costumbres han llegado para quedarse al menos durante los siguientes tres a cinco años y probablemente para siempre.

Un aspecto fundamental tiene que ver con lo que en algunos ambientes anglosajones han llamado outdoor appreciation, que viene a instaurar una nueva cultura en el modo de usar los espacios. Se valora significativamente todo aquello que tiene que ver con aire fresco y actividades al aire libre. La instalación de mamparas en lugares abiertos y la improvisación de lugares para fines académicos será una herramienta de uso común. Se está repensando el uso de estacionamientos, terrazas, techos y garajes, con finalidades múltiples —entre ellas académicas y de optimización del aprendizaje. Se están requiriendo modificaciones en salones y oficinas, con nuevas formas de pensar la ventilación y la consecuente reducción de sistemas de aire acondicionado nocivos. Habrá mayor tolerancia al frío y menor tolerancia a los espacios cerrados. El mobiliario externo tendrá mayor demanda de lo usual. La energía, dado todo lo anterior, deberá utilizarse de manera distinta.

A la par, los espacios “sociales” sufrirán modificaciones. Las universidades americanas con residencias internas están teniendo importantes debates y cuestionamientos relacionados con sus comedores, cuartos, uso de baños, etc. Aunque en México es menos común ese modelo, no es menor el número de estudiantes que se desplaza a otras ciudades para cursar sus estudios universitarios y también debemos revalorar la operación de cafeterías y comedores en lugares más abiertos y modelos de dark kitchen estudiantil. Lo natural y lo saludable adquirirá un mayor valor.

Las cuestiones ecológicas y ambientales vivirán un nuevo impulso, no sólo por la mayor conciencia ecológica propia de las generaciones actuales, sino también por algunos aspectos de salud y bienestar. La calidad del aire será un foco de atención en cualquier ámbito educativo. El manejo de la basura se convertirá en un aspecto esencial. El uso de aislantes, la logística de contenedores, las alternativas de reciclado y el manejo de los desperdicios formarán parte fundamental de la operación de los centros educativos. Las normas de limpieza serán distintas y pueden llevarnos a prácticas muy convenientes para la prevención de enfermedades más allá de covid.

Los horarios de trabajo, tanto de oficina como de salones, habrán de encontrar configuraciones más creativas que permitan a estudiantes y profesores elegir modelos de vida más equilibrados. El paradigma de clases entre las 9 am y las 2 pm no tiene por qué seguir siendo una norma universal en todo sitio y condición, sino que puede reconsiderarse de modos más creativos y flexibles.

La responsabilidad educativa no recaerá sólo en los centros de enseñanza, sino que se compartirá con los hogares. Las casas habrán de convertirse en lugares de aprendizaje mixto, como complemento de lo que se enseña en las aulas. Se requerirán adaptaciones y una mayor garantía de tecnología eficiente para todos.

No será menor el cambio en ámbitos de carácter cultural. Se deberán buscar acuerdos dialogados con estudiantes para lograr nuevos paradigmas de comportamiento en lo ecológico, social y sanitario. En economías más restringidas habrá que revalorar aspectos como la acumulación, el gasto y el desperdicio, con una mayor conciencia de lo importante y lo accidental. Es preciso redimensionar los bienes materiales y espirituales, así como un compromiso común por ayudar a quienes menos tienen, no sólo desde el punto de vista asistencial, sino de modo estructural. El emprendimiento tenderá hacia un mayor compromiso social, cultural y sanitario.

La salud mental tendrá una importancia capital. Los llamados “Ecosistemas de bienestar” adquirirán cada vez mayor importancia. Entender a los alumnos como seres humanos, con nombre y apellido, no sólo susceptibles de conocer, sino también de desear, querer, relacionarse o enfermarse, será ahora más que nunca, un aspecto de capital importancia. Se abre una enorme oportunidad hacia los modelos educativos más integrales. Se necesita, al mismo tiempo, una educación más personalizada y adaptativa, según el estudiante.

Todo esto tiene, naturalmente, efectos presupuestales. Además del gasto en la redistribución de espacios y en sanitización, los presupuestos educativos tendrán que prever un mayor gasto tecnológico, como la instalación más amplia de internet inalámbrico para espacios no previstos. Un reto nada fácil para un sector que siempre ha sufrido en materia presupuestal.

La educación pública sufrirá por problemas de asignación de presupuesto y la privada por la matrícula y los problemas económicos de las familias. Necesitaremos soluciones creativas y mucha solidaridad.

El reto educativo del futuro, al menos en los siguientes años y quizá para largo plazo, es, en parte, tecnológico, como se ha comentado repetidamente. Sin embargo, dista mucho de ser el mayor o principal problema. Es únicamente uno de sus retos, aunado a aspectos arquitectónicos, logísticos, sanitarios, culturales, económicos y de visión del ser humano, con los que nos jugaremos la buena educación de la siguiente generación.

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