Camino a Tokio 2020

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Mientras hay quienes se encogen ante el covid-19, Australia, la gran isla de Oceanía, donde hay más nadadores que habitantes, valga la hipérbole, le prende fuego a las albercas: el 13 y 14 de marzo será el Campeonato Nacional de Aguas Abiertas; del 5 al 7 de abril, CN por edades; del 14 al 18 de abril, CN de primera fuerza, en Gold Coast, y del 12 al 17 de junio el Trial de calificación con miras a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Para la esfera olímpica agonal, la crisis es un desafío que enfrentan con energía de superación, coraje, entusiasmo, esfuerzo, trabajo diario. Igual ocurre en los países anglosajones que en América, Asia, Europa, África. El deporte da salud, pero no concede inmortalidad ni longevidad. La vida es riesgo y hay miles de jóvenes en el mundo esforzándose, con extenuantes sesiones de entrenamientos, desde hace cuando menos un par de lustros y otros un poco más; en la pileta, en la pista de atletismo, en el gimnasio, en el ring, en el tatami, en las canchas de voleibol, en tiro, entrenan con el propósito central, el leit motiv de su vida, de ir a Tokio a probarse ante los mejores del planeta. Todos los involucrados en la organización se esfuerzan por brindar las mejores medidas sanitarias.

Acaso quienes estén con mayor riesgo que los atletas sean los japoneses, pues, de hecho, en la isla de occidente para América, de oriente para Europa, los índices son bajísimos; con 126 millones de habitantes, las estadísticas indicaban hace unos días 4,776 fallecidos por covid. Compare sistemas con los 126 millones de habitantes de México, según el último censo, y los poco más de 160 mil fallecidos por covid. Y entonces, probablemente, el lector convendrá en que hay otras perspectivas para apreciar la celebración de los próximos JO; sin tremendismos. La mayoría de los atletas, en teoría, son personas sanas. Deben asistir tras cumplir con las condiciones sanitarias necesarias.

La inercia en las albercas sucede en atletismo y en el resto de las actividades olímpicas. Eliud Kipchoge, de 36 años, campeón olímpico y plusmarquista mundial, va a competir el 11 de abril en el puerto de Hamburgo, que anuncian con alegría su maratón como “El Camino más rápido rumbo a Tokio”. Hace unos días, el británico Elliot Giles cronometró 1:43.63 en los 800 m en Toruń, la ciudad que vio nacer a Copérnico. Es la segunda mejor marca en la historia. El Hércules estadunidense, Ryan Crouser, de 29 años, oro en los JO de Río de Janeiro, impulsó la bala a 22.82 m y rompió el RM bajo techo en 16 cm y ahora su mira está puesta en el 23.12 del legendario Randy Barnes, RM al aire libre.

En el aire flotan, es innegable, otros intereses, como los que impidieron a Bekele asistir a Río. Más tarde marcó 2:01.41 a 2” del RM y demostró lo equivocados que estaban.

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