De la vida política

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El ser humano se desarrolla en la sociedad. Desde la antigüedad Aristóteles definió que el “El hombre es un animal político”. En donde la política es la forma de organización de la sociedad. En ese sentido las relaciones sociales se dan en el entorno de las diversas formas en que se organiza la sociedad: económica y políticamente. En un régimen autoritario el Estado es controlado por un grupo de interés y el resto de la sociedad se supedita por la fuerza a esa autoridad. En el caso de la democracia, la que representa el pensamiento de Aristóteles hasta nuestros días, las relaciones sociales se dan en un Estado de derecho en donde la autoridad respeta la libertad de los ciudadanos. Y, estos observan las normas que dicta el Estado. Además, cada cierto periodo, van a elecciones donde su voto decide quién es el que representará el mandato de gobierno siguiente. En ese sentido los ciudadanos no están bajo el yugo de una autoridad, sino que tienen una participación social que dirime la vida política. Donde se define quién dirige la autoridad: presidente, gobernador, presidente municipal, senador, diputado federal o diputado local.

DE LA PARTICIPACIÓN 

Robert Michels expone dos características de la participación social: por un lado, la fascinación de las masas frente a la elocuencia de los hombres políticos, y por el otro, la facilidad de las manipulaciones políticas en vista de controlar el poder, habida cuenta de la dificultad de establecer un debate general. Aunada a estos dos elementos, R. Michels sostiene lo siguiente: “La multitud anula (acaba-aniquila) al individuo y con él su personalidad y su sentimiento de responsabilidad” (MICHELS, Robert: Los Partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna). Es decir, la masa, el pueblo, o, si se quiere, la voluntad popular, está destinada a verse “representada” por un grupo de dirigentes que le procurará sus necesidades comunes. Y, por consecuencia, este grupo dirigente, se va a apropiar del Estado, en vista de procurar a la sociedad los satisfactores que ella demanda. La legitimidad de un grupo o clase dirigente va a establecerse entonces, entre otros elementos, en función de su capacidad de satisfacer las necesidades de una sociedad en el dominio social, político y económico.

Entonces, podríamos concluir, en esta segunda parte, que los regímenes llamados democráticos son la representación de una actividad estatal eficaz. Podemos responder afirmativamente a condición que se presenten las dos condiciones arriba mencionadas: la libertad y la igualdad en el conjunto de los miembros de la sociedad.
Siguiendo a Michels: “La organización es el origen de la dominación. La dominación de los electos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los que delegan. Quien dice organización dice oligarquía”. Dicho de otra forma, la naturaleza asociativa de la constitución de la agenda social, la cual correspondería una expresión de la ciudadanía, favorece a una relación un tanto imaginaria entre élites y bases sociales. Se habla de un sentido imaginario de esta relación puesto que la propia dinámica de la organización hace que las élites se diversifiquen y surja una competitividad por el apoyo de las bases sociales.

Las élites compiten por el apoyo de las bases en un proceso que tiene tres niveles. Primero, estos grupos tienen que escoger de entre múltiples temas sobre problemas sociales los que correspondan a una mayor relevancia para sus potenciales adeptos. Segundo, la selección les dará material para que estos grupos puedan enfrentar con éxito sus discursos políticos y reducir de mayor manera la complejidad cultural. Tercero, la necesidad de que las élites afiancen sus respectivos vínculos de comunicación con sus públicos. En la medida en que estos tres niveles de la competencia elitista conecten con sus bases sociales se puede hablar de un proceso de credibilidad y legitimidad de parte de los primeros hacia los segundos.

La credibilidad como la legitimidad son factores esenciales para la institucionalización de esos grupos en lo que se conoce como partidos políticos. Los partidos políticos son, en teoría, el conducto por el cuál es posible integrar los intereses de una parte de la ciudadanía a la agenda política. Los partidos políticos hacen posible que la función expresiva de una parte de la ciudadanía se transforme en expresión política al permitir que sus demandas encuentren canales seguros con capacidad de sistematizar, dar sustento y credibilidad a los intereses en juego (SARTORI, Giovanni: Partidos y Sistemas de Partidos)

PÁRRAFOS: DE LOS QUE ENTRAN

Ante la inminencia de una elección en Sinaloa. Retomemos una afirmación de un politólogo francés: Algunos entran en política como místicos en religión, otros se precipitan como en una arena con una psicología de gladiadores. Entre esos dos polos extremos, evolucionan profesionales y diletantes, legistas y pretorianos, poetas y pragmáticos. Todos, a su manera, reveladores de los múltiples atractivos de este escenario en donde ellos se constituyen en los actores (Philippe Braud: La vida política). Entonces, amable lector, a cada uno de decidir que actor será el candidato de su elección, y, con qué grupo de interés va alinearse. A seguir analizando.


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