¡El mismo fantoche, cínico y mentiroso!

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Dice la voz popular que el ladrón siempre será ladrón, que el mentiroso siempre será mentiroso y que el cobarde siempre será cobarde.

Y los ladrones, los mentirosos y los cobardes aparecen lo mismo entre los grupos mafiosos, entre las bandas criminales y, sobre todo, entre políticos y hombres y mujeres del poder.

Más aún, la historia está llena de ejemplos de ladrones, mentirosos y cobardes reincidentes; que regresan una y otra vez “a las andadas”.

Peor aún, la fábula de la rana y el escorpión –atribuida a Esopo–, hace referencia precisamente a “la naturaleza criminal” de los seres vivos, animales o humanos.
Y viene a cuento el tema porque el lunes 8 de febrero reapareció, en sus conferencias mañaneras, el presidente mexicano, López Obrador, luego que días antes había sido diagnosticado con COVID-19.

El propio mandatario dijo haber superado el contagio de coronavirus gracias a un tratamiento especial del Instituto Nacional de Nutrición que, por pura casualidad, no está disponible y menos al alcance de la mayoría de los mexicanos.

Es decir, que en su calidad de jefe del Gobierno y del Estado mexicano, Obrador hizo valer los privilegios de su investidura a pesar de que por décadas cuestionó los privilegios del poder; los mismos privilegios que hoy le salvaron la vida; privilegios que no están al alcance del resto de los mexicanos y menos de los pobres y los desposeídos.

Sin embargo, para sorpresa de muchos –en realidad no sabemos por qué la sorpresa de algunos–, a las “mañaneras” regresó el mismo López Obrador de siempre; el mismo que miente, que engaña, que se fuga de la realidad sin pudor y sin vergüenza; el mismo cínico que se niega a usar cubrebocas; el mismo que se niega a cambiar la fallida estrategia contra la pandemia.

Reapareció el mismo presidente al que poco o nada le importa que el número de mexicanos muertos a causa de su fallido gobierno supere los 500 mil –entre muertos por la pandemia y muertos por la violencia–; el mismo que supone que la crítica es un ataque a sus logros en el poder –logros que nadie alcanza a ver, más que él–, y el mismo que no entiende que la tarea primordial de todo gobierno, de todo presidente o jefe de Estado, es preservar la vida de los gobernados, de los ciudadanos o de los mandantes.

En efecto, regresó a las mañaneras el mismo mentiroso, el mismo cínico, el mismo fantoche, el mismo engañabobos y el mismo sátrapa que por sus necedades y su ignorancia es responsable de la muerte de muchos de los casi 170 mil mexicanos víctimas de COVID-19.

El mismo irresponsable que con su desprecio a la pandemia, su desdén al uso de “cubrebocas”, su rechazo a la sana distancia y su odio a México y los mexicanos, también es culpable del disparo en los contagios hasta niveles de escándalo; casi dos millones de personas.

El mismo López Obrador fantoche e ignorante que a pesar de ser un privilegiado que fue atendido por decenas de médicos en su Palacio, y que recibió un tratamiento exclusivo, aseguró que no se vacunó contra la pandemia “porque tenía que poner el ejemplo en un país donde ha predominado la corrupción y los privilegios”.

El mismo presidente que volvió a la carga contra algunos intelectuales que si bien lo aplaudieron en los tiempos de campaña, hoy, con un mínimo de pudor y vergüenza, son severos críticos del fracasado gobierno de AMLO.

El mismo López violentador de la Constitución que, a sabiendas de que tiene prohibido meterse en el proceso electoral en curso, volvió a la carga y dijo que un grupo de sus críticos son quienes convencieron a los opositores para acudir en alianza contra Morena, en la elección federal de junio próximo.

El mismo mandatario que cierra los ojos ante el fracaso de escándalo que significan que México ocupe el primer lugar mundial en letalidad por la pandemia; en el primer lugar mundial de trabajadores de la salud muertos por COVID-19 y el segundo lugar mundial en muertes reales, no solo por los datos oficiales.

¿Qué esperaban que aprendiera un presidente insensible, irresponsable, al que la muerte no le dice nada; un político que ha vivido de la mentira, del engaño, del cinismo y de la simulación?

¿De verdad existe un solo mexicano capaz de creer que podría cambiar la naturaleza depredadora del presidente López Obrador, por haber padecido COVID-19?

Lo cierto es que el engaño, el cinismo, la mentira, la estulticia y la bajeza son propios de la naturaleza de López Obrador; y pedir que sea honesto, que deje de mentir y que hable con la verdad, es igual que pedirle al escorpión que no clave su aguijón a la rana.

Sí, nos guste o no, regresó a las mañaneras el mismo fantoche, cínico y mentiroso de siempre.

Al tiempo.


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