El trumpismo sigue vivo

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“Existe un peligro en todos los hombres. La única máxima de un gobierno libre debe ser no confiar en ningún hombre con el poder de poner en peligro la libertad pública”: John Adams, segundo presidente de Estados Unidos.

¿Qué les diremos a las próximas generaciones sobre el hecho de que un hombre como Trump se convirtió en el máximo exponente del estadunidense conservador-racista promedio? ¿Cómo podremos explicar que Donald Trump fue el presidente cuadragésimo quinto del país más poderoso del mundo? ¿Qué dirán los futuros adultos cuando sepan que un hombre, después de incitar a sus seguidores, casi provoca un golpe de Estado en la sede legislativa más importante de Estados Unidos? Será difícil explicar eso y muchas cosas más sobre un personaje que logró salir casi sin un raspón de dos juicios políticos en su contra.

Muy a mi parecer, la exoneración por parte del Senado representa la decadencia en la impartición de justicia en lo que nosotros conocemos como un país “primermundista”. El racismo, la xenofobia, el odio, la división y el culto al fanatismo vencieron por mucho a los símbolos e ideales que consolidan a la nación americana.

Nos debe quedar en claro que el trumpismo es un movimiento que no se eliminará, aunque haya llegado Joe Biden a la Casa Blanca. El trumpismo seguirá incrustado en los 75 millones de votantes que le dieron su respaldo al magnate neoyorkino en las pasadas elecciones presidenciales y también en cada político republicano que votó por exonerar a la figura que representa lo que es el partido republicano en nuestra época.

Se necesitaban 67 votos en el Senado para declarar culpable al expresidente Trump en su segundo juicio político. Sólo alcanzaron 57 votos a favor (culpable) y 47 en contra (no culpable). Siete senadores republicanos decidieron dar su voto a favor y condenar como responsable al expresidente en incitar una insurrección el pasado 6 de enero en el Capitolio. Uno de esos votos republicanos perteneció al senador por Utah, Mitt Romney.

La exoneración de Donald nos dice que aún hay muchos republicanos que creen en el movimiento Make America Great Again, como también, millones de personas que creen en su figura política.

Seamos sinceros, no será fácil arrancar el culto ultraconservador que dejó Trump en Estados Unidos.

Y aunque haya pasado la prueba de su segundo juicio político, el nuevo residente de Mar-a-Lago todavía tiene pendientes algunas demandas en Nueva York y una posible demanda por parte del estado de Georgia; esto en referencia al escándalo de la llamada telefónica del pasado 2 de enero entre Trump y algunos funcionarios de Georgia, donde el expresidente quería que ellos realizaran un fraude electoral y le dieran a él la victoria presidencial en el estado del sureste de Estados Unidos. Son varios los problemas legales que enfrentará el expresidente en los próximos meses, pero debe quedar algo muy en claro: él sigue vivo políticamente y tiene mucho tiempo para reorganizar su agenda política con miras al 2024, sea con los republicanos o su posible nuevo partido político.

El gran reto que tiene Joe Biden es ir eliminando al trumpismo de la vida pública trabajando en unir a su pueblo, convenciendo con el plan de vacunación covid, persuadiendo al Capitolio para dar estímulos fiscales a la población y trabajando en la unión del movimiento demócrata en turno.

Aun con las restricciones de sus cuentas en Facebook y Twitter, Trump seguirá siendo un distractor para la nueva administración bidenista.

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