La ley de la evolución

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Cuando mejor conocemos una cosa, mayor utilidad podemos obtener de ella. Es el caso con nuestro celular, nuestra computadora, o nuestro auto, pero también lo es con nuestra vida o con el mundo: cuanto más conozcamos sobre la manera en que funciona, mayor provecho obtendremos de él.

Por eso debemos conocer las leyes que rigen el universo y la vida, reflexionar sobre ellas, actuar con el conocimiento de ellas, y seguramente podremos ser cada vez más felices. Ya hablamos antes de otras leyes y esta vez someto a su consideración la ley de la evolución, que dice: todo lo existente lleva la tendencia y fuerza para convertirse en algo superior.

El destino de todas las cosas es evolucionar, crecer, mejorar en forma indefinida. Esto aplica para individuos, colectividad, ciudades, el planeta mismo o el universo. Tanto a lo material como a lo espiritual. Esta ley está presente en todas las cosas de manera latente, automática, e involuntaria. Según la teoría, el universo ha atravesado, en miles de millones de años, por múltiples fases evolutivas para llegar hasta el momento de hoy.

Primero hubo solo energía, después hubo astros, luego estrellas, luego planetas. Los minerales evolucionan para llegar a ser plantas, después a animales, hasta llegar a la máxima expresión actual: el ser humano, el cual también ha evolucionado al paso del tiempo, tanto física, como intelectual, o espiritualmente. En los seres humanos el avance en nuestra evolución, particularmente en lo mental y espiritual, depende en gran parte de nuestra intención, nuestra propia voluntad, y nuestro esfuerzo.

Debemos aprovechar nuestra vida para aprender, mejorar, evolucionar, y unirnos cada vez mas a todos los demás seres, compartiendo nuestra amistad, nuestro apoyo para que nuestra colonia, nuestra ciudad, nuestro país, y el universo avance, evolucione más rápido. Empiece usted.


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