La libertad de trabajar en prisión

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La libertad de trabajar en prisión. Foto: unsplash
Raúl Flores

ESTADO DE MÉXICO.

Con la finalidad de llevar a cabo la reinserción social, el sistema penitenciario en el estado de México ha permitido que 30 empresas de distintos giros den trabajo a internas e internos de estos centros de reclusión Mexiquenses.

En algunos casos algunas organizaciones no gubernamentales, como la Fundación “Plan B” Educación Social, vía videoconferencia da algunos cursos de manualidades, macramé, corte y confección, entre otros cursos más con la finalidad que algunas internas puedan laborar en las empresas para obtener algunos recursos que les ayuden a llevar económicamente el sustento para ellas y sus hogares desde prisión.

Carmen y Marcela tienen una condena de 30 años de prisión por el delito de secuestro, por separadas llevaron sus procesos, nunca se conocieron hasta llegar al penal de Santiaguito en el estado de México, aquí son compañeras en el trabajo diario para la empresa donde le maquilan flores de papel, trabajos de fomi y lo que se pueda hacer para tener unos pesos en la bolsa.

Carmen, a sus casi 40 años, tiene una sonrisa a flor de piel que remata con la mirada triste, es la más movida de sus compañeras; ella prácticamente ha tomado la batuta para supervisar los trabajos de sus compañeras.

Es la primera en entrar al aula de videoconferencias del penal de Santiaguito en el Estado de México, dónde la Fundación “Plan B” da cursos y pláticas motivacionales a las internas con actrices, actores, escritores y coach de vida que les ayudan a su reinserción social.

Para mí es una oportunidad muy importante y muy grande, independientemente del lugar donde me encuentro, las circunstancias trato de tomar todo lo bueno, porque el día de mañana yo sé que eso, lo voy a poder proyectar desde ahorita y en un futuro para ser una mejor persona”, aseguró.

Durante la plática que sostuvo en el patio del Penal, en dos ocasiones repitió que una mala decisión la llevó a la reclusión en la que se encuentra en este momento con dos condenas. Una la menos dolorosa, la de esperar 15 años más para salir a la libertad. Ya han pasado 15 años que purga la condena de secuestro.

Cerró los ojos por un momento y esa sonrisa que se le notaba por debajo del cubrebocas se borró. Recordó que vivía con toda su familia, padres, hermanos, tíos y primos en un solo domicilio. En ese domicilio por la madrugada se escuchaban cosas raras, voces ajenas y llanto, al principio no sabía de quiénes eran las voces y llantos.

Con el paso de los meses, supo que su tío y otros familiares se dedicaban al secuestro, eso le dio miedo, temor e incertidumbre si denunciaba o no decía nada, porque eran de su propia sangre, esa indecisión se extendió hasta el día de la detención de toda la familia, incluyéndome.

Una mala decisión fue la que me trajo aquí, te comentaba, no fue tanto que haya cometido el delito, sino más bien me ganaron los nervios y no supe que hacer. Entre lo que yo decidía y si denunciaba, no denunciaba porque había familia involucrada, nos detienen a todos, en ese lapso de yo pensar que hacer, me ganaron los miedos y fue lo que me trajo aquí”.

La segunda condena y la más dolorosa, es la de no ver a su hija que dejó cuando tenía seis meses de edad, no la puede ver por mandato judicial, eso la va matando, a “fuego lento”.

Mi tiempo se mantiene ocupado, mi mente se mantiene ocupada y poco a poco fui saliendo de la depresión. Muchas de nosotras nos dan depresión, porque no vemos a la familia, porque no vemos a los hijos por situaciones que pasamos con la pareja, por la situación legal, simplemente en el mismo lugar”.

Algo similar vive Marcela Rosas Torres, quien tiene una condena de 30 años por secuestro, lleva 18 años 4 meses recluida en prisión, antes en el Penal Bordo Xochiaca, después la trasladaron al penal de Santiaguito, por la pandemia su familia no la visita por la distancia entre Almoloya, Estado de México y la alcaldía de Milpa Alta.

Ellos nada más ahorita por lo de la pandemia y esto, no me visitan a parte este penal me queda demasiado lejos, como para que mi familia venga, pero aun así no les doy problemas en ese aspecto económico”.

Ella trabaja en una de las empresas de fomi, hace recuerdos para cumpleaños, bautizos y todo lo relacionado a fiestas. Tiene un horario de entrada de 9 a 6 de la tarde, este horario lo toma de manera seria, es la oportunidad que él dio la vida para sentirse en libertad.

Si, que se cree, que sí. Porque desde que yo estaba en el exterior, yo también trabajaba entonces me adapto al horario y eso me imagino que estoy, trabajando y estoy pensando que estoy en la calle”.

Actualmente el Sistema Penitenciario en el Estado de México 30 empresas privadas colaboran en la reinserción social de los internos que se distribuyen en los 22 centros penitenciarios, de los cuales 11 son mixtos y un femenil, hasta el último pase de lista de las 9 de la mañana de este sábado 13 de febrero de 2021, se tenía en reclusión a 33 mil 190 internos, 31 mil 158 hombres y 2 mil 032 mujeres.

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